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A las horas de un cantor que en llantos profesa su dolor.
Canta en desesperación la vieja historia de dos corazones unidos por el amor,
dos estelas que brillaban sin más en el libro de dos caminos unidos en un pacto
ancestral. La voz del universo que llama al encuentro de aquellas almas que
conspiran para encontrarse, ajenos de los planes que un día Venus le confesó en
amor a Marte. ¡Amado mío! Grita a la
aurora la mujer que en destellos de la mañana suelta su estrella con la mórbida
esperanza que su amado regresa cada noche a su lado. Pregunta el silencio
¿Cómo sueñas en
blanco teniendo a un espanto a tu lado? Espantando
el miedo, la incertidumbre y la decepción de un amor que nunca se dio. Las
cálidas melodías de la mañana le tocan el alma, entre las enredaderas de su
cabellera morena descansa su pasión. Le quita a la distancia aquellos minutos
que las estrellas proclaman. Mira sin más a aquel espectro de mirada serena que
en medio del desastre busca su calma. ¡Dichoso
tú, dichoso él, dichosos aquellos!
Que
en medio su desesperación escuchan los cantos de su amor.
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