DONDE TERMINA EL SUEÑO.
¡Oh! Ya llegaste, pensé que no lo harías nunca, siéntate… Me he acordado de algo que puede ser relevante en esto. Sucede que mi película favorita cuando era niña era sobre la princesa y el sapo, no sabes lo mucho que ansiaba tener ese amor que ambos tenían en esa película ¿No crees que suena tonto? ¿En serio? Eres la primera persona que piensa como yo. Me encantaría quedarme hablando toda la tarde sobre esto, de cada minúsculo detalle de esta película, de lo que la convierten en mi historia favorita de fantasía, pero me temo que mi sueño de amor fue muy diferente a lo que quería que fuera.
Era muy joven ¿Sabes? Recién miraba el mundo con mis
ojos, estaba aprendiendo a soltarme, y buscaba ese amor que tanto te digo. En
medio de esa búsqueda no planeada lo encontré a él, la persona indicada, el
hombre con él que cumpliría mi sueños de niñas…o eso creí pues la verdad mucho
tiempo después me di cuenta que estaba aferrada a un sueño que era sólo mio. No
esperes que te diga que fue un príncipe al principio, siempre me mostró su
rostro de villano cruel y desalmado y nunca mostró la más mínima empatía por mi
o por mis sentimientos. No lo culpo, él no tenía ni idea de lo que mi inocente
existencia cargaba, tantos miedos, tantas fallas, tantos traumas que sería
capaz de llenar las cataratas del Niágara y necesitaríamos otro espacio más.
Fue es parte de mi vida lo que le permitió que entrara con tanta facilidad.
Mira, para ser sincera contigo, Antonella nunca se ha
considerado una mujer que caiga rendida a detalles como las flores, o los chocolates,
de hecho, pienso que son una completa pérdida de tiempo y dinero, pero
curiosamente ansiaba que este chico lo hiciera. En el amor, el tiempo parece
sólo tímida brisa mañanera, por eso no me di cuenta que 4 meses fueron suficiente
para él y su teatro de niño perfecto. Poco a poco comenzó a develarme su ser, y
todo lo que venía bajo él. A su lado también descubrí el verdadero rostro de
quienes dijeron ser mis amigas, y como él era bueno para hacerlas caer a todas.
Te dije al principio lo niña que era, pero tanto era
mi afán por tener a Hugo, pero no me di hasta donde debía llegarme el agua.
Terminé ahogada en más problemas de lo que necesitaba, y mi cuerpo fue el
pagano de mucho ellos. Cada infidelidad era peor que la otra, como aquellas
espinas que vas sacando después de una fuerte caída, y yo no sabía cómo
manejarlo todo. Durante meses viví en medio de la oscuridad escuchando risas
que no podía ver, y sintiendo cada vez más el peso de mis apresuradas
decisiones.
No te preocupes, en serio, bueno gracias por el
pañuelo ignora las lágrimas sólo son porque me hubiese gustado darme cuenta
antes… El amor es dulce, pero la amargura de su velo es algo que no le deseo a
nadie.
Mira… aquí, justo aquí, sentí por primera vez lo que
era un golpe de un horror que yo me atreví a llamar amor. Vi mi vida en medio
de sus manos mientras que con fuerza intentaba quitarme la existencia, pero aun
así no fui capaz de ver el peligro, ya que tan arraigado estaba en mis ojos ese
velo que no me permitía ver al diablo que caminaba junto a mí. Pronto deje de
ser su atracción favorita, y me convertí en el blanco de sus más duras
palabras. Yo no merecía nada, en serio, me preguntó cómo estoy aquí contándote
todo esto, lo que si te puedo decir es que a pesar de que las personas se van,
de esos amores no se escapa tan fácilmente.
Los demonios de un mal amor no se ahuyentan tan fácil,
y aunque por las noches mi cuerpo todavía se sobresalta de terror, he
encontrado en este mundo donde termina este terrible sueño.
No te preocupes, te prometo que estaré bien, mi
psicólogo me lo ha dicho y yo lo estoy creyendo cada vez más. ¿Qué te parece si
vamos por malteadas? ¡Me pido una de fresa!
Oh si… No se confíen, siempre hay forma de volver a
soñar.
Antonella, 17
años, 2018.
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