ADIÓS EN JUNIO.

 

Lo recuerdo muy bien, perfectamente bien, lo hago cada mañana aunque ya hayan pasado 5 años. Casi siempre cuando enciendo el estéreo, cuando camino a la cocina por un vaso de agua, o cuando estoy en medio de una fiesta con mi amigas pienso en él. Parece absurdo como las personas dicen que el tiempo lo cura todo, pero eso no es cierto, la soledad y la incertidumbre que acarrea su paso lo hacen todo peor. No voy a ser muy específica, pero Javier no era un sueño, de hecho, era todo lo malo que puede existir en un hombre, sin embargo, mi lado de niña enamorada no miró eso. Estaba segura que él era el amor de mi vida, que nos escaparíamos a una pequeña ciudad, que comenzaríamos una nueva vida y aprenderíamos un nuevo idioma, pero nunca fue así, puesto que el único idioma que él conocía era el del engaño.

Esto suena estúpido cuando lo digo en voz alta, en serio suena tan estúpido, pero en ese momento era una niña pequeña jugando a que sabía lo que era el amor y todos los compromisos que esto implicaban. No sabía lo que pensaba en ese momento, trato algunas veces de comprenderlo mientras tomo una taza de café, o cuando hablo por teléfono con  mi mamá, pero nadie ha podido darme la respuesta que he esperado todo este tiempo. Me he dado cuenta con el pasar del tiempo que no existe el amor en la adolescencia, que no estamos preparados para esas descargas químicas que nuestros cerebros desprenden cada vez que vemos a quien es nuestro “ser amado” “nuestro salvador” estamos  solo siendo tontos intentando ser coherentes. Él me engaño tantas veces que no puedo entender como sigo teniendo dignidad, mientras él me era infiel y yo trataba de comprenderlo y pedir direcciones, sus padres se escondieron detrás del manto de la religión, y sus hermanos jugaron a hacerse los castos cuando debajo de ellos estaba la envestidura del mismo satanás que ellos ahuyentaban con profanas oraciones.

Mi vida en ese círculo vicioso fue un infierno, sabía que debía escapar, pero me aferraba al dolor y la mortífera adicción de la codependencia hasta el grado de la miseria. No sé lo que opines tú, pero no sé cómo logre salir de allí, sólo puedo decir que lo hice… aunque no de la forma en la que esperaba. Estoy hablando a la nada por si no lo sabes, no tienes rostro, pero me siento feliz sacando esa parte de mi vida. Gracias por esto, pero tienes que decirle al mundo que es mentira cuando te dicen que estarás bien en un par de meses o al pasar de los años. No he aprendido nada, no he sanado lo suficiente, y sigo lidiando con mis viejas heridas emocionales y las porquerías que su existencia ocasiono en la mía. Aunque ahora tengo un perro, un gato y una planta que me hacen feliz  y un poco más segura en este mundo. Y no, tampoco he encontrado el amor de vida, o la persona que me enseñaría a que no todos los amores son iguales. Yo sigo caminando sola, rodeada de gente que me ayuda a ver un poco más positivo, y a ser un poco mejor persona.

Sin embargo las noches siguen estando frías, y los pensamientos siguen estando presentes. Los corazones no sanan de la noche a la mañana, y las heridas profundas solo se sanan cuando estamos dispuestos a hacerlo.

No les digan mentiras a las personas, no más.

Me he aburrido un poco, así que no sé quién seas, o que buscas, pero me ha hecho muy bien hablar contigo, tanto,  que te aseguro que muy pronto lo volveré hacer. Espero que esto ayude a otros a entender que no están solos, y que aunque suene muy basura decirlo…

 Siempre hay un sol detrás de las nubes grises.

Ángeles, 18 años, 2016.

Comentarios

Entradas populares de este blog

Opinión/Review: Siempre Bajo La Lluvia.

DONDE TERMINA EL SUEÑO.

LIBRES DE ESCOGERNOS AUNQUE EL MUNDO ESTE LLENO.