NO PUEDES FORZAR LO QUE NO SERÁ.
¡Hola! No sabes lo que había esperado para verte. No, no te preocupes, el tráfico estuvo bien. Un poco pesado como es lo usual en esta ciudad, pero fue fácil llegar. Tienes un bonito espacio ¿Te lo han dicho? Bueno es importante que lo sepas, me siento segura aquí, tanto como para contarte algo que me he guardado mucho tiempo. Mira quizás esto no te vaya a sorprender, pero siempre he sido una chica de muchos pretendientes, rodeada de un floral en donde se puede escoger libremente… pero nunca había sentido la necesidad de arrancar una de esas flores hasta que lo vi a él. Tan diferente a todas las flores en ese hermoso campo florido.
Nuestra química fue inmediata, y en ese momento mi
corazón sintió su mayor punto de regocijo. Me sentía pequeña entre sus brazos,
estaba entregada ciegamente a esa atmosfera de paz y tranquilidad que toda su esencia
emanaba cuando estábamos juntos. Parecía una relación honesta, discutíamos como
personas normales, pero el poder conversarlo era un poder que no había tenido
antes. Las ideas se aceleraron en mi cabeza, el futuro ya no parecía tan
desolador, y la imagen de una vida juntos para ser cada vez más vividas. Sin
embargo, golpearse con la dureza de la realidad duele más de lo que te
imaginas.
¿Oye? ¿Nunca te has preguntado lo doloroso que es
terminar una relación y tener que arrancarte del pecho esas promesas nunca
cumplidas? Creo que no todos los seres humanos somos capaces de soportar tal
dolor. En una escala de dolor emocional, esa debe estar al tope. Es como si
todas esas palabras se esfumaran en una cortina de humo en cuestión de
segundos, y debes encarar el verdadero rostro de la persona que imaginaste
sería la que te sostendría hasta el final. Justo en ese exacto momento, en
donde te replanteas toda tu vida, en donde ahora miras con miedo al futuro y
buscas con fuerza aferrarte al precioso pasado, sentí que todo lo que una vez
había sido mi mundo se derrumbó por completo.
Gracias por el té, por cierto… es muy dulce, lo suficiente
para cubrir la amargura de nuestro último encuentro.
No es me difícil olvidarlo, era miércoles, recuerdo
que había sacado a mi perro porque el sol brillaba ese día sobre la ciudad, y
nunca había sentido una brisa tan cálida en este lugar. Fue la mejor tarde de
mi vida, cocinamos, nos reímos, y nos prometimos acurrucados a la cama que todo
estaría bien. Yo lo creí con cada fibra de mi corazón, pero el corazón se
aferra a todo aquello que no le muestra una estabilidad.
Para el viernes ya todo había cambiado, me puse frente
a frente a su versión más fría y cruel, y no tuve otra que tratar de sujetarme
a mi misma para no quebrarme frente a él. De un momento a otro deje de ser su
centro, de ser la persona a la que se sujetaba si tenía un dia duro, o si
estaba a punto de caer. Ahora era sólo la sombra detrás de él que buscaba no
desaparecer tan pronto. Ese día todo dentro de mí se apagó, sin embargo, aun en
modo automático buque la forma de que el volviera a mí. Aquellos fueron los
tres días más largos de mi vida, días que parecieron milenos, y aunque ya no
podía más mi desdichada ilusión fue más fuerte como para volverlo a intentar
una última vez. Sin embargo sus crudas palabras fueron…
“Lo estamos forzando mucho, Violeta Ixchel”.
No, no sé lo que paso después de eso, tal parece el
dolor me creo una laguna mental de la que puedo estar más que agradecida.
Aunque puedo decirte lo difíciles que fueron los días posteriores a ese suceso,
hay una parte de mí que todavía llora en silencio, y cuya nostalgia aún no se
ha salido de sus hombros, pero trató de estar bien un día a la vez ¿Sabes?
Sé que algún dia lo veré y no sentiré nada en lo
absoluto, pero por lo pronto, sólo conservo lo bueno… eso que todavía me
acompaña en la soledad de la noche, y el murmullo ligero del día. Eso que no se
va tan fácilmente… eso que no se fuerza.
Violeta, 21,????.
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