DEJAME HABLAR A MI YA QUE ELLA NO PUEDE.
Si...
ella no se atrevió a hacerlo, no me gustaba indagar en esa parte de su pasado,
de hecho actúa como si no hubiese ocurrido, pero en lo profundo se que lo
recuerda casi siempre como si hubiese ocurrido solo ayer. No te preocupes, no
habrá ningún tipo de inconveniente, ella sabe que lo estoy haciendo y con una
sonrisa me permitió que contará aquello que sus labios ya no son capaces de
pronunciar. Aunque no lo creas, el corazón es experto en recordar todo aquello
que nos destruye, pero la mente es una maestra en borrar del mapa los momentos
que nos han mostrado frente a frente con los verdaderos malos amores.
Déjame
pensar un poco, es que sucedió hace mucho tiempo, ni siquiera tú estabas en
planes de merodear por aquí por este mundo. ¡Ah! Lo recuerdo... Ella era hermosa, muy pero muy hermosa,
recuerdo que los chicos se morían por ella y es que su melena amarilla y
enmarañada hacia suspirar a más de uno. Provenía de una familia pudiente,
criada como una chica de porte y etiqueta, estaba destinada a tener uno futuro
realmente prometedor. Era de las más populares, le encantaba estar rodeada de
amigos, y como cualquier otra chica de su edad le gustaba la idea de ser el
centro de atención.
Sin
embargo, aquella felicidad, aquel estilo de vida tan jovial y adaptado a lo que
era su forma de ser estaban por ser opacado. Emilia nunca fue amante de las
historias de amor, uno que otro encontró fortuito o un par de meses de relación
eran suficiente para ella. No era amante de la seriedad, prefería solo vivir en
el momento y dejarse llevar por la emoción. Y todo marcho bien hasta que lo
conoció a él. Su nombre es algo que me reservaré, hay nombre que no merecen ser
pronunciados, ni mucho menos recordados. Ella no lo reconoció, sus ocres ojos
no le mostraron nada más que un hombre común intentado acaparar la atención de
una dama como lo era ella. No tuvo que esforzarse mucho, al parecer, el
misterio de esos ojos profundos la cautivaron en el acto.
Emilia
era fiesta, era luz, era armonía en cada lugar que sus ojos almendra se
dirigían. Ella estaba destinada a ser tan alto como se lo propusiese, pero el
amor llego borrando los sueños y las ilusiones, y a su lado un hombre que la
arrastraria lentamente al infierno. Ella dice no recordar, prefiere callar y
olvidar, pero yo que la he acompañado en todos estos años puedo decirte que no
hay peor delito que quedarse donde uno no esta escrito. A su lado conoció el estrecho,
y doloroso camino del mal vivir. De un amor a medias, y de una costumbre
disfrazada de querer... pero no la culpo, antes era preferible quedarse, que
correr.
A veces
la extraño, extraño la sonrisa genuina en su rostro, en las risas al final del
día y de los abrazos cargados de completa energía. Sé que allí debajo todavía
vive ella. Algunas veces cuando me mira puedo ver el retazo de su vieja vida,
puedo ver como su alma arde por ser ella, y cuando grita llena de ira puedo
recordar la luz que emitía. Ella no lo sabe, pero vivo tan dentro de ella, que
lo que una vez pensó que lo haría.
Se que es
feliz, que lo que una vez fueron golpes, hoy son sonrisas y que el tiempo se ha
llevado todas aquellas injusticias. A veces llora en silencio, usa la ducha
para aplacar el sonido de sus sollozos, pero no se arrepiente de nada lo que
haya ocurrido. De haberlo hecho, hoy no te estaría contando esta historia que
hoy escribes aquí.
Soy tu
cariño, 40 años después, y si... logramos volver a brillar.
Emilia, 21 años, 40 años después de mí.
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