TODO LO QUE TE DESTRUYE POR PRIMERA VEZ.
¡Ja! Suena tonto, pero alguna veces, es el primer
contacto con el amor lo que hace que te des cuenta que no es tan maravilloso
como en las películas, los libros o la música te lo hace parecer. En este caso,
y siendo algo irónico, fue mi primer amor el que enseño que amar y entregar
puede doler como nunca si ese amor se lo estas ofreciendo a la persona
incorrecta.
Al igual que muchas de las primeras personas que se
sinceraron contigo en la primera parte, yo era joven y tonta. Estaba buscando
sin saber a una persona que me hiciera sentir que estaba pisando la luna sin
dejar la tierra. No muchas personas te hacen sentir eso, pero en mi caso, él
hizo que yo sintiera el universo completo en mi pecho. Me gusta pensar que éramos
como dos golondrinas, revoloteando, y jugando a lo largo y ancho de un extenso
cielo que no tiene fin a nuestros ojos, pero sin tener la menor idea de lo que
estaba haciendo, sólo siguiendo nuestros instintos y nuestro corazón.
Aquella inexperiencia, la poca empatía, y el poco
conocimiento sobre los compromisos de una relación nos arrastró a ese lado del
amor que todos quieren ignorar, pero que de alguna manera o de otra terminamos
conociendo. Si yo pudiese decirles a los chicos lo importante que es conocerte
primero a ti antes de conocer a otro, evitarían llegar a ese foso tan familiar
en el que caemos cuando creemos que estamos amando. Mi relación con Luis se
volvió increíblemente dependiente, asfixiante y monótona. Estábamos allí, pero
sin estar, con las manos entrelazadas, pero con el corazón en otro lado.
La mano de Luis era lo único que evitaba que yo cayera
al vacío, ese del que me tambaleaba desde hacía algún tiempo, pero que veía
como algo imposible ya que él estaba allí para mí ¿Pero? De que valía estar
sujeta a la mano de alguien que pensaba soltarte mucho antes de lo que tú
imaginabas soltarlo a él. Ya lo había perdido todo, el sentido del amor, la
verdadera imagen de mí en mi cabeza, y mi cordura se había dejado embelesar por
el oscuro abismo de nuestra unión. Todo aquel tiempo encapsulado de hizo una
realidad cuando un día Luis decidió soltarme y lanzarme sin más al vacío de la
realidad.
Tú no sientes el dolor mientras caes, no sabes lo que
sucede, intentas pero cada vez es más difícil asimilarlo. Es por eso que cuando
caes no estás preparado para todo lo que viene después, después que entiendes
que todo ha terminado para ti y para esa persona que idealizaste. Ese vacío se
volvió mi lugar seguro durante mucho tiempo, en el fondo de mi vida y mi
realidad, pase tormentas que se volvieron diluvios, sequias e inviernos que me
marchitaban más y más.
Pero un día el sol salió, y uno de esos rayos me
mostró el camino de regreso a mí. Ya no quería sentir la tranquilidad en las
sombras, quería erguir mi espalda, y volver a darle un rumbo a mi vida aunque
más de una vez me encontré perdida. Realmente no estaba perdida, sólo estaba
acostumbrándome a caminar sin una persona a mi lado, y aunque el proceso fue
duro y los caminos tenebrosos.
No te imaginas el alivio que encontré cuando después
de mucho tiempo me vi a mi misma.
No te sueltes, cariño. Date el amor que el mundo no
quiere darte, y se feliz siendo la mejor versión de ti…
El sol siempre vuelve a salir.
Lucy, 19 años,
hace mucho tiempo atrás.
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