A un amor que aún no conozco.

Te espero cada día y cada noche, aferradas a las veinticuatro horas de un día que no parece tener fin. Ansío con desespero el espacio cálido que yace en tu virgen corazón, deseo con locura esa pequeña porción de tu amor y con ansias mi cuerpo espera finalmente encontrar un lugar en el tuyo. Sentada en el borde mi cama escucho los gritos de mi corazón inundar el silencio de la noche. No estamos perdidos, no estamos ausentes, simplemente aun estamos tempranos a nuestra eterna tonada de amor. Pero entiendo, que el tiempo de esperar valdrá la pena, pues sin importar la distancia que nuestros cuerpo tengan. Las estrellas no tardan de hacer de esta locura... Eterna.

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